Carlos MONCADA OCHOA
Haría bien a la sociedad que se añadieran a las Redes los economistas, los contadores, los expertos en finanzas, para que orienten las desbalagadas opiniones de quienes no dominamos materias tan complejas. No los expertos al servicio del gobierno, porque se desconfiaría de los intereses que representan, sino los profesionales independientes, los maestros no contaminados por la política.
Ayer escuché la entrevista que Pepe Cárdenas hizo a un economista sin nexos oficiales, y le oí afirmar que el gasolinazo impedirá realizar los objetivos de la reforma energética. Esa aseveración me dio fundamento para confirmar lo que había sospechado: que muchos culpan a diputado y senadores que ya no están en las Cámaras y que sí votaron por la reforma, porque confunden ésta con la disposición unipersonal tomada por Peña Nieto. Se trata de dos momentos diferentes del actual sexenio, aunque ambos desafortunados.
Los presidentes están acostumbrados, por dura que sean las protestas populares, a afianzarse del tiempo como a un salvavidas. Ya se cansarán de gritar, dicen. Ya olvidarán. Ya se distraerán con la preocupación de agenciar qué comer para la familia. La estrategia cruel por lo general les ha resultado.
Pero ahora se ha unido a la indignación la poderosa COPARMEX, la organización que solía acomodarse al lado del Presidente en turno mientras le daban de puntapiés a la chusma. Ahora los patrones han sido alcanzados igualmente por las patadas. La reacción ha sido de las que le duelen al presidente y sus colaboradores ¡Contaban con ellos! Pero ya no, no más.
Peña Nieto y su equipo intentan convencernos de que no hay más salida de la crisis que el gasolinazo. Si tal cosa fuera verdad, ¿por qué no investigan cómo y por culpa de quién o quiénes, llegamos a esta situación? ¿Por qué no se aplicaron medidas desde años anteriores en forma gradual.
¿Recuerdan los lectores que el presidente Calderón anunció la construcción de una refinería para dejar de comprar gasolina a los gringos? Dos gobernadores se tiraron del chongo tratando de llevarse el proyecto, cada uno, a su estado respectivo. Y de pronto,, nada. ¿recibió dinero Calderón o sus colaboradores para suspender los planes?
Antes, cuando se apretaban las tuercas a un mexicano por motivos políticos o económicos, contaba con la opción de irse a los Estados Unidos al menos de manera temporal. ¿Y ahora? ¿Cómo irnos adonde reina un desquiciado? ¿Y cómo quedarnos con el de aquí?
carlosomoncada@gmail.com

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